Lucia se dio la vuelta y se alejó.
No corrió ni lloró. No le daría a Anna la satisfacción de ninguna de las dos cosas. Simplemente se dio la vuelta y caminó en la dirección opuesta al coche, manteniendo la mirada al frente y la mandíbula apretada.
Detrás de ella, Diego se zafó de Anna.
—Pagarás por esto —dijo su voz baja y definitiva—. Te lo prometo.
Luego empezó a caminar hacia Lucia para alcanzarla.
—Lucia —la llamó.
Ella no se detuvo, así que él comenzó a correr hacia ella.
—Lucia, espera…
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