Más tarde en un café Rosalía se encontró con una mujer mayor que vestía muy recatada. “Hola”. Se sentó pidiendo un café. La mujer, aunque no confiaba mucho en Rosalía, era su única esperanza.
Rosalía tomó un sorbo de su bebida. Augusta Méndez, es un placer volver a encontrarnos”. Ajusta acomodo su cuello para que le cubriera más al ver como Rosalía mostraba parte de sus pechos con el gran escote que portaba. “Dijiste que me ayudarías, pero estás tardando mucho”.
Rosalía movió su café con la