CAPÍTULO XLIV

―Corre.

Su hermano salió corriendo hacia la oscuridad. Pero no era Vladimir, con su cabellera platinada y sus ojos lilas; este era un pequeño joven de cabello oscuro y cuerpo larguirucho.

―¡Sergei, espera, si te alejas de mí no podré protegerte! ―le gritó, siguiéndolo con rapidez.

La primigenia oscuridad nebulosa se transformó rápidamente en un bosque nevado, bañado por la tenue luz de la luna creciente.

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