Mundo ficciónIniciar sesiónDiosa Luna
Selene, La Diosa Luna, descansaba en su santuario, un palacio hecho de luz blanca y silencio que flota en lo más alto del cielo oscuro. El lugar parece un sueño tallado en cristal y hielo, con torres tan altas que tocan las estrellas y paredes de mármol que brillan con un resplandor suave y frío. En este reino no existe el sol; todo está envuelto en una neblina de plata que se mueve por los pasillos como si estuviera viva. El suelo es como un espejo de agua congelada que muestra los secretos de quienes caminan sobre él, y el aire huele a flores frescas y a metal. En el centro de todo, Selene permanecía en su trono, rodeada de una calma mística que solo los dioses conocen. Pero esa paz se rompió de golpe. Las puertas del palacio se abrieron de par en par, dejando entrar al Oráculo en persona. Caminaba de manera elegante, apoyando su báculo sobre el suelo de cuarzo con un sonido seco que rompía el silencio del lugar. Al llegar






