Ada sonrió por primera vez un miércoles por la mañana.
No la media sonrisa del martes.
La verdadera.
Xavier le hacía muecas desde la alfombra.
Muecas indignas.
El tipo de muecas que hace un hombre cuando decide que la primera sonrisa de su hija es más importante que su propia dignidad.
Ella sonrió.
Completamente.
De verdad.
Todo su rostro se involucró.
El comienzo de la risa que se avecinaba.
Xavier emitió un sonido.
Kara levantó la vista de la mesa de la cocina.
Al rostro de Ada.
A la sonrisa.