En cambio, su respuesta llegó cuando sus labios reclamaron los de ella en un delicado beso, ambos suspirando como si el peso que habían estado cargando durante todo el día finalmente se hubiera quitado de encima. Joy supuso que sí. Su siguiente beso llegó después de una pausa, su hábil mano inclinando su barbilla para que su lengua pudiera deslizarse entre sus labios. Inmediatamente Joy gimió y envolvió sus manos alrededor de su cuello, hasta que sus dedos bailaron sobre su nuca.
La mano libre