Sin mediar palabra, la secretaria me quitó el condón sin tirarlo a la basura. Miro atentamente a Melina mientras deslizaba sus manos por mi miembro, sin soltar sus ojos cuando se quitó sus bragas, y lo colocó en mi mano. Misma que inhale profundamente, le dediqué una sonrisa y le solté una nalgada, ella tenía las mejillas rojas por el esfuerzo, el sostén lo recogió del piso. Se lo colocó lentamente, dejando ver sus pezones enrojecidos por mis besos. Y su chupetón. Los ojos de Melina estaban totalmente abiertos en shock, cuando Tinna se alejó, puso el condón en alto, dejando ver mi semen. Luego, lo tiró en la basura, me dio un beso en los labios y susurró en mi oído.
—Hasta luego, jefe.
Salió por la puerta con una pequeña sonrisa, no sin antes hacerle una inclinación a Melina.
—Hasta luego, señorita Sandoval.
Cerró la puerta, dejándome a solas con ella.
—¿Te la cogiste en la oficina? ¿Para esto vine, para eso me pediste quedarme? —Su voz sonó herida.
Yo sabía perfectamente que ella iba