El almuerzo siguió su curso, y al terminar volvimos a su auto, charlamos sin movernos a ningún destino mientras tanto hasta que mi teléfono comenzó a sonar despiadadamente. Él me dejo atender pero me desanime un poco cuando comenzó a mirar su teléfono, colgué pronto la llamada, acomodándome en el asiento.
—Ya tengo boleto, será mi viaje a las ocho de la mañana, de mañana.
—Pediré un mismo vuelo para mañana entonces.
—¿De verdad me quieres acompañar? No creo que me lleve más de un mes.
—Quie