Lo primero que sintió al despertarse fueron los rayos del sol. Esmeralda se estiró en la cama y gimió con gusto. En su casa hubiera despertado enojada por aquello, pero luego de un baño relajante y con el estómago lleno, sin preocuparse de tener un traje limpio para el trabajo... Era extraordinario. Se sentó en la cama con los ojos cerrados y disfrutó del sol matutino. Raramente disfruta de placeres como esos, donde no se preocupaba por sus obligaciones y sólo pensaba en qué hacer para divertir