46. Prueba de ADN
El sonido de los tacones de Marcella resonaba en el mármol frío del vestíbulo de la mansión Dubois.
Su rostro estaba pálido, casi traslúcido, y sus labios apenas conservaban el color. Aun así, sostenía la barbilla en alto. La familia Dubois no mostraba debilidad, y mucho menos ante su patriarca.
Una mucama abrió las puertas del invernadero, donde su padre, Armand Dubois, la esperaba. Sentado en una mesa de hierro forjado, observaba los rosales que crecían perfectos, como todo lo que él contr