45. Puedo ser tu arma o tu trofeo
El salón estaba en silencio absoluto, salvo por el sonido de los cepillos, las tijeras y el murmullo de las estilistas preparando a Alessia Accardi.
El espejo frente a ella reflejaba a una mujer que ya no parecía la dulce heredera que jugaba entre los jardines de la mansión familiar.
Era otra cosa.
Una diosa, elegante y bellísima, resumando el poder de ser una Accardi.
La abuela, observaba desde el sillón, con el porte de una reina. La evaluó unos segundos y asintió de gusto.
—No olvides sonreír con sutileza. Los Volkov son fríos. Si muestras debilidad, perderás la negociación antes de comenzar. Debes ser firme y mantener tu postura, nieta.
Alessia asintió, conteniendo un suspiro. La palabra “negociación” le sabía amarga. No era amor, ni destino. Era una transacción entre apellidos, una alianza fría y calculadora. Tal cual sería su matrimonio, igual de vacío.
Su vestido —un conjunto ceñido en color marfil, con detalles dorados— realzaba cada curva sin cruzar la línea de