38. Siempre será tu hogar
El sol de la mañana se filtraba entre las cortinas de la mansión Di Angelo, bañando de luz dorada la cocina. Skyler se movía con soltura, con el delantal atado sobre un vestido sencillo color crema. En la estufa hervía el café, y el aroma a pan recién tostado llenaba el aire.
—¡Niñas, el desayuno está listo! —llamó desde el pasillo.
El sonido de pasos apresurados resonó escaleras abajo. Rowan apareció primero, seguida de Isabella y la dulce Mercy, aún con el cabello despeinado. Jeremy tropezó detrás de ellas, riendo.
—Huele delicioso, mami —dijo Mercy, subiendo a su silla.
Skyler sonrió y sirvió las tazas de leche caliente.
—Coman todo, que el transporte al internado llega en veinte minutos.
Alexander entró justo entonces, con la corbata mal ajustada y el teléfono en la mano.
—¿Otra vez madrugando? —bromeó mientras dejaba el celular sobre la barra.
—Alguien tiene que mantener esta casa en pie —respondió ella, sin mirarlo directamente, aunque una sonrisa fugaz se dibujó en sus