Sería un eufemismo decir que el silencio se instala entre nosotros de forma incómoda. Lo miro de reojo y sonrío ligeramente al ver que está aplastado en mi diminuto coche. Casi golpea el techo con su altura, y sus piernas están enrolladas en un pretzel.
—¿Tienes suficiente espacio? —pregunto, encendiendo los faros.
No me contesta, sólo se gira hacia la ventanilla y se queda mirando por ella. La luz del techo sigue encendida porque mi coche es un viejo pedazo de mierda antiguo y defectuoso al qu