El calor recorrió mi cuello y mi pecho. Mi lengua se sentía pesada. No sabía qué decir. Ni siquiera podía pensar.—Yo… —logré decir, con la voz quebrándose—… yo…Él soltó una risa baja y burlona.—¿Perdiste la voz, conejita? —dijo, acercándose. Podía sentir el calor de su aliento, su aroma… pino, acero y algo que no podía nombrar… rozando mi mejilla.Apreté los puños, luchando por respirar, por mantener la compostura. Entonces pasó junto a mí y se apoyó contra la pared frente a mí, sus ojos oscuros clavados en los míos.—¿De qué vienes a quejarte ahora, conejita? —preguntó, inclinando la cabeza, con una sonrisa torcida en los labios.Mi muslo se tensó involuntariamente.Mi estómago se retorció. Lo odiaba. Lo odiaba por la forma en que mi cuerpo me traicionaba. Por el calor que me atravesaba incluso cuando quería golpearlo.—No voy a ser parte de tu harén —dije, con una voz más firme de lo que me sentía.Alzó una ceja, su sonrisa ampliándose.—¿Ah, no? ¿Y por qué?Tragué saliva, intent
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