—Lo siento, Evan —Me disculpo aclarándome la garganta y alejándome rápidamente—. Debes pensar que estoy loca, entre el gallo y los coyotes —digo avergonzada.
Él está pasando por un mal momento con su hija, me acaba de contar la triste historia de cómo murió su esposa y yo reacciono pensando en besarlo, como si fuera una chiquilla con las hormonas revueltas, sin contar que su hija está a tan solo unos pasos de nosotros.
—En realidad, no podía pensar, mientras te tenía entre mis brazos —confiesa