Luciano

Camila se detuvo justo en la puerta del apartamento de Adrián; tomó una bocanada de aire antes de abrirla. Atravesó el umbral y Don Quijote le dio la bienvenida tan efusivamente como estaba acostumbrado. Ella se agachó y acarició su cabeza, pues con el paso del tiempo se había hecho su amiga y ya no le tenía miedo ni asco. Sin embargo, le tenía prohibido subirse a la cama y lamerme la cara. Luego de recibir el amor del can,

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