En la oficina, Lucas revisaba unos documentos cuando su teléfono vibró. Era una llamada de Martha.
—Señor Fischer, el niño tiene una fiebre muy alta, de casi cuarenta grados; estamos preocupados por él…
—¿Llamaron al médico? —preguntó Lucas, con el ceño fruncido.
—Lo hicimos, pero la señorita Miller dijo que no era para tanto y… se fue a una fiesta.
—¡¿Qué?!
La expresión de Lucas pasó de la sorpresa al enojo enseguida.
—¡Voy para allá! Mientras tanto, que el médico de la familia lo revise.
Cuand