Lucas se quedó de pie en medio de la cocina, con un semblante serio que se reflejaba en la fría superficie de mármol. Martha se mantuvo a un lado, quieta y sin atreverse casi ni a respirar.
—¿Así que durante seis años ella hizo todo esto sola y jamás dijo nada? —preguntó con voz ronca.
Martha asintió con cautela.
—La señora nunca nos dejaba ayudarla. Decía que su estómago era delicado y que las cosas que venden para la resaca le caían mal, así que prefería hacerle la sopa ella misma.
Sin darse c