Capitulo 129.
Desperté con una intensa sed. Recorrí de arriba abajo el techo que parece ser de arena o barro. El ambiente a mi alrededor era cálido y fresco. El rostro de una anciana fue lo único que observe antes de que incorporaran mi cuerpo para poder sentarme sobre la cama. Al principio me sentí mareada y con nauseas, pero poco después me adapté a la posición.
—¿Cómo te sientes? —me acerco una tasa con agua tibia.
—Bien… me duele la cabeza —bebi de golpe el líquido.
—Es normal, aun estas recuperándote.
—