Mateo
Pasamos un rato muy agradable comiendo, se limitó bastante al contarme sobre ella, pero más yo al contarle sobre mí.
Bajamos a los estacionamientos para llevarla a casa, solo fue cosa de verla, sentía frio, asique le pase una chaqueta que tenía en mi auto
– gracias, y disculpa, no acostumbro vestir tan ligera – la miro mientras se la coloca – te ves bien así – le digo y ella no levanta la mirada – ¿donde vives? – pregunto, sus mejillas estaban rojas – en el complejo Kanagawa – le abro la