Capítulo XXI

Aunque era lo que quería, no pudo hacer el amor con su esposo. Era muy pronto y los dolores del parto seguían haciendo mella en su salud. Pese a que se salvó de una cesárea, habían sido dos los niños que salieron de su cuerpo, todavía demasiado débil para soportar la lujuriosa intrusión de su marido. Antonio comprendió, o al menos se mostró amable, y bien hicieron porque no pasados ni diez minutos desde que lo hubier

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