STELLA HARPER
La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de la cortina como si quisiera forzarme a abrir los ojos, pero ya estaba despierta desde hacía tiempo. No podía dormir. Mi cuerpo todavía dolía, no solo físicamente, sino en un lugar mucho más profundo. La noche anterior se pegaba a mi piel como algo que no podría lavar.
Damian estaba de pie, al lado de la cama, abotonándose la camisa blanca. Ni siquiera me miró cuando dije buenos días. De hecho, solo respondió con un murmullo inin