STELLA HARPER
La noche estaba helada mientras subíamos al coche para volver a casa. El tráfico parecía más lento de lo habitual y cada segundo dentro del vehículo me apretaba más el pecho de ansiedad.
Jonas, sentado al volante, me tendió mi teléfono.
—Señorita Harper. El señor Winter me pidió que se lo entregara —dijo, pasándome el aparato.
Lo tomé con manos temblorosas, sintiendo el frío del metal. Asentí en silencio.
Cuando llegamos frente a la casa, mi corazón dio un vuelco. El coche de Alex