Sus ojos agudos pero calmados observaron el paisaje ante él. La vastedad de las montañas, medio cubiertas por nubes, complacía su vista, aunque no lograba calmar el corazón de Samuel.
Habían pasado varios días desde el incidente que había caído sobre la familia extendida de Juan, y en el fondo de su corazón, Samuel se sentía extremadamente culpable. Samuel también abandonó la escena de inmediato. Todo porque debía hacerlo.
Cuando las manadas Díaz y Javier atacaron y se encontraron con la resist