Mundo de ficçãoIniciar sessãoBrian se voltea, tiene el cabello alborotado y los tres botones de la camisa sin abotonar, miro a un costado dónde la botella que horas antes estaba llena yace vacía.
Frunzo el ceño, ¿a este que le pasó?
—Acércate —exige, cuando ve que no muevo ni un músculo, dice—: no lo repetiré dos veces.
Con recelo, me acerqué, dejando un estrecho entre nosotros. Esta vez, si intentaba golpearme de







