Capítulo |40|

Ella, con toda su sensualidad, la misma que me embriagó hace casi más de un año, se acerca. Intenta tocarme pero agarro su brazo antes de que toque mi piel.

—No me toques, Clara. —ordeno molesto.

Su presencia me enoja, me enerva muchísimo. Es una desgraciada que tiene el descaro de presentarse aquí, aún sabiendo que la odio, tanto o más de lo que la amé una vez.

—Antes no ponías resistencia a mis caricias, déjame hacerte recordar, yo sé que puedo hac...

—Escúchame bien

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