Capítulo 4

Mis ojos no pueden parpadear por un instante, incluso puedo afirmar que el cuerpo se me ha congelado.

—Te contaré los detalles —él susurra de nuevo sacándome de mi incredulidad, porque tengo cuatro años conociéndolo, y jamás escuché algo como esto—. Pero ahora que ella está dirigiéndose a nosotros, necesito que ahora seas… mi novia.

¿Qué? ¡No puedo creerlo!, mi mente comienza a maquinar mil y un escenario.

Quiero saberlo todo, quiero saber por qué quiere mentir, quiero saber qué lo insta hacer lo que está haciendo y quiero saber si siente algo por ella, principalmente quiero sabe eso.

—No respondes… —vuelve a hablar como si hiciese una petición alarmada—. Te necesito Ale, en serio prometo contarte todo.

—Estoy un poco impactada, es todo, yo nunca imaginé que algo te hiciera perder el equilibrio —O alguien, pienso.

—Escucha, no…

—Kerem… —la voz de una mujer interrumpe sus palabras, o lo que sea que iba a decirme, esa voz es de la susodicha. Así que respiro profundo y giro en su dirección.

Ella tiene la mirada fija en él, quizás tan nerviosa como lo estoy yo, entonces denoto que trata de pronunciar alguna palabra, pero nada sale de su boca. Literalmente está hecha una mierda. Aprieto la mano de Kerem no soportando la tensión del momento.

—Amelia, ¿cómo estás? —él pregunta a mi lado por fin, mientras no soy capaz de ver su expresión, más bien no quiero verla, quiero ser ciega a este acontecimiento.

—¡Muy bien, gracias!, yo no pensé verte aquí… nadie me dijo que vendrías, he querido contactarte, pero ha sido en vano.

—No sabía que vendría, por ello no confirmé —contesto él ligeramente.

Está mintiendo, Kerem planeó esto.

Planeó verla aquí, que ella lo viera, planeó desde un inicio que yo viniera con él y que fuera parte de lo que sea que esté pasando.

¿Para qué? ¿Darle celos acaso? ¿Hacerla sentir mal? ¡Dios mío! ¿En qué me estaba metiendo yo?

—Claro, entiendo… yo he querido hablarte, pero…

—Amelia, por si no la has notado, ella es Alexandra —él habla nuevamente certero, cortándole su idea nuevamente. Luego señala engreído hacia mi dirección; su tono es cortante, quizás podría jurar que tosco apropósito—. Mi novia…

Veo como el lindo rostro de la chica vuelve a palidecer.

Siento algo de vergüenza y pena, porque sé que Kerem está humillándola frente a mí, lo conozco, lo conozco tan bien que sé que está poniendo de su empeño en dañarla y está usándome para su objetivo.

—L-lo siento, yo no quería pasar por grosera, es que la verdad estaba un poco incrédula de verte Kerem —dice la mujer nerviosa, lanzándome una mirada conciliadora.

—Un placer Amelia, Alexandra Miller —extiendo mi mano hacia ella.

Kerem me presiona fuerte la muñeca, pero no desisto de mi intensión.

—Igualmente Alexandra, Amelia Abramovich —no paso desapercibido cómo comienza a detallar cada uno de mis gestos.

“Abramovich”, he escuchado ese apellido más de una vez, según mis cuentas Kerem ha hecho negocios con ellos, inclusive hay sociedad en la empresa, pero no sabía de la existencia de Amelia y mucho menos que era su ex prometida.

Por defecto iban a casarse. Y por lo visto ella le importó, sin embargo, por lo que está ocurriendo y la conducta de él, literalmente aún le importa y eso hace que sienta cierta decepción.

Y no sé por qué el tema comienza a carcomerme por dentro.

Amelia es bonita de contextura algo delgada, en su mirada y sus gestos siento algo de antipatía, que por supuesto van dirigidos hacia mí, y ya que ella tuvo la misma expresión que Kerem, sin duda alguna también debe sentir algo grande por él.

—Si ya la detallaste lo suficiente, permite que nos vayamos —lanza Kerem en tono acusatorio hacia la mujer.

Enlaza su mano en la mía y pega mi cuerpo al de él.

Esto va a matarme

—Por supuesto, no los demoro más —anuncia Amelia y Kerem ni se inmuta, de esa manera comenzamos a caminar a otra parte del salón.

La cena pasa sin ningún otro inconveniente, pero jamás pude seguir igual de calmada. La mirada de la mujer nos siguió por toda la velada, y Kerem hizo como si estuviera muy feliz a mi lado.

Fingiendo.

Tenemos más de 10 minutos en el auto en total silencio, Kerem sigue conduciendo y por la dirección que lleva, vamos rumbo a mi casa.

No me he atrevido a decir nada, lo noto demasiado tenso. Yo quiero saberlo todo, quiero entender su causa, pero sobre todo necesito calmar mis nervios y calmar el revoltijo de emociones que amenazan con salir de mi pecho.

No sé si después de lo que vaya a decirme logre tranquilizarme, tampoco sé si después de contarme las cosas, yo pase la página.

Y eso me aterra.

Luego de algunos minutos más, llegamos por fin al estacionamiento, entonces él apaga el motor y se gira hacia mí.

Necesito respirar, respirar para comenzar a digerir lo va a decirme a continuación, debo estar tranquila, y no debo tomarme nada a pecho. No puedo tomarme esto personal, no es mi asunto y tampoco me quiero involucrar…

Kerem suspira pesadamente tratando de encontrar las palabras adecuadas…

—Hace diez años la conocí, estábamos en una fiesta en la universidad cuando la vi —varios nudos se forman en mi estómago y mi mente repite: ¿diez años? ¡Por Dios! —. Un compañero en común nos presentó y así comenzó nuestra relación, una relación bastante intensa debo confesarte, Amelia era bastante celosa y posesiva.

—Entiendo —digo porque necesito sacar el aire comprimido que llevo en mis pulmones desde lo sucedido. Una parte de mí quiere escuchar, pero otra, quiere salir del auto y olvidarse para siempre de este asunto.

—Ale… Yo realmente quería formalizar mi relación cuando cumplimos 4 años de noviazgo; somos de la misma edad, ya nos habíamos graduado juntos, así que no lo pensé dos veces, hablé con papá y estuvo de acuerdo en realizar una ceremonia para formalizar el compromiso. Pero, mi madre estaba reacia en mi relación, nunca quiso del todo a Amelia.

 «Al menos» pensé.

—¿Y qué pasó? ¿Por qué terminaron? ¿Qué ocurrió? —pregunto atropelladamente.

—Realizamos el compromiso el día de mi cumpleaños número veinticinco, todo iba muy bien hasta que un mes después, ella llegó llorando a mi casa, algo desesperada, y asustada —su tono se vuelve mordaz cargado con mucho resentimiento—. Diciéndome que nos apresuramos en tomar decisiones, que ella no quería una familia aún, que quería realizar muchos sueños y metas, pero que a pesar de todo quería estar conmigo; dijo algo como: “necesito salir de este compromiso, seamos como antes”.

Su mirada estaba perdida y una sonrisa de sarcasmo se asomó en su rostro.

—Por supuesto yo me alteré y peleamos como nunca. Me fui enfadado de mi propia casa y la dejé allí, pero lo hice porque no quería cometer algún error en mi momento de ira; mientras conducía sin rumbo llamé a mi amigo Steven, me encontré con él y fuimos a su apartamento, tomamos como nunca y no prendí mi celular en dos días enteros.

Respiró profundo y continuó con el relato.

—Cuando volví a la realidad, Amelia había hecho una publicación con una amiga nuestra de la prensa “The Times” donde habló varias cosas privadas de nuestra relación, pero eso no me importó tanto hasta que mis padres me llamaron; eso sí me enfadó hasta la mierda… les dijo cosas terribles, incluso dijo que ella estaba segura de que la había engañado varias veces, que era un cobarde y que no iba a dar la cara.

Kerem se ve como quien expulsa un veneno, uno que lo consumía; veo como respira un poco entrecortado al hablar, pero lo que más me está incomodando es que Kerem aún y con toda su rabia siente algo por ella. Entender eso ahora me hace sentir pequeña, como si estuviera viendo a otra persona frente a mí.

—¿Tú… qué hiciste? —pregunto de manera sigilosa.

—No hice nada…

—¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué?

—Ale… —Dice un poco irritado—. Cuando te digo que estuve a punto de casarme con ella es porque estaba enamorado, no la hubiese dañado de ninguna manera, pero mi decepción y enojo no dejó que pudiese hablar con ella nunca más.

¿Estaba enamorado? ¿O aún lo está?

—¿Entonces no hubo un cierre entre ustedes? —pregunto apresuradamente.

—Nada… yo no la busqué ni tampoco acepté hablar con ella nunca más —levanta su mirada nuevamente hacia mí—. Me fui algunos meses a New York y regresé a Londres siete meses después para seguir a cargo de la empresa.

«¿Entonces por qué planeaste este día? ¿Querías verla? ¿Querías restregarle una novia falsa en sus narices? ¿Por qué estás haciendo esto? ¿La amas?»

—¿Por qué fuiste a ese evento sabiendo que estaba ella allí? —pregunto y al mismo tiempo me arrepiento.

—No quiero seguir huyendo de lo inevitable.

Y eso fue todo, en este momento un balde de agua helada cayó sobre mí, sintiendo una punzada de celos que atravesó todo mi ser.

No, no, no ¡no puede ser!

¡Bájate del auto!, inventa una excusa ¡no seas parte de esto!

— Kerem —consigo pronunciar, siento como mi labio inferior tiembla—. Lo mejor es dar la cara y asumir lo que pase.

¿Qué? Estoy alentándolo a buscarla ¡No puedo creerlo!

—Te conté todo esto porque confío en ti.

Ok.

—Gracias —contesto mirando en otra dirección, porque ahora mismo no tengo la fuerza de sostenerle la mirada.

Millie tenía razón, yo me inmiscuí más de lo que debía, no sé qué pueda sentir por él, tampoco sé si este sentimiento sea más de impresión que de otra cosa, lo único que sé es que de ahora en adelante trataré de colocar límites con respeto a Kerem y mi vida.

—Steven se casará en dos semanas —declara nuevamente y giro en su dirección.

—¡¿Steven?! ¡¿El mujeriego, Steven?! —pregunto más como una broma.

—¡Oye!, no seas dura con el pobre Steven.

—¿Me lo dices en serio? ¿Hablamos del mismo Steven?

—El mismo que conoces, dale un voto de confianza… por mí —de manera inmediata se corta la parte divertida al sentir su mano en la mía motivando a que le mire.

Debe sentir mi piel helada, porque así mismo me siento ahora.

—Él va a dar una especie de fiesta de pre casamiento… Y no me preguntes qué mierdas es eso porque no lo sé —luego de decir lo que dijo, expresó una carcajada que literalmente me hace soltar la tensión que cargo en los hombros.

—Algunas personas lo hacen, en algunos casos es por religión o costumbre familiar —digo sin más.

—Por esa razón planeé esta noche, porque seré el padrino de esa boda y Amelia será la madrina…

Tengo una hora mirando hacia el techo de la habitación, y no logro conciliar el sueño, no cuando mi mente hace un montón de escenarios; necesito dormir, quiero descansar, mañana dedicaré mi domingo estudiando para mis exámenes finales y quiero tener mi mente centrada en ello.

No quiero pensar en nada más.

Gracias a Dios Millie estaba dormida cuando llegué, no quiero hablar con nadie de lo sucedido, tampoco quisiera pronunciar en voz alta la parte en que acepte esa propuesta para ayudar a Kerem en esta estupidez que está haciendo.

No logré preguntarle de manera clara cuáles eran sus motivos, no pude, aunque sería una tonta si no pensara en que él quiere reconquistar a Amelia.

Porque desde que me bajé de ese auto me arrepiento cada segundo de ser tan estúpida…

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