Adriano
O acataría mis órdenes, o se enfrentaría a consecuencias mucho peores que cualquier cosa que hubiera vivido antes.
La agarré con brusquedad y la empujé contra el sofá de la oficina. Le presioné con fuerza la garganta con la mano, obligándola a echar la cabeza hacia atrás y dejando al descubierto todo lo que deseaba: su concha reluciente y ansiosa.
Sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa mientras se le cortaba la respiración.
Apenas tuvo tiempo de recuperarse del repentino ata