- ¡Massimo ya despiértate! ¡No seas perezoso! Eso déjamelo a mi… Massimo, vas a llegar tarde a la empresa, tu padre se va a volver loco si no estas listo para la junta, anda amor, ya levántate… - Decía una suave voz al oído de Massimo.
Massimo poco a poco fue abriendo los ojos, miraba como la luz del sol se colaba por las cortinas de la habitación principal, miro un poco desubicado a su alrededor, se sintió desconcertado.
- ¡Massimo Pellegrini, ya levántate! Luego no quiero que me heches la culp