Sofía Adams - Marzo de 2012
Odiaba los aviones. Tenía un miedo tan grande que no me cabía en el cuerpo.
Pero aquí estaba yo, apretujada en uno a punto de despegar rumbo a Las Vegas. Por suerte, serían pocas horas de vuelo.
Podía aguantar, ¿verdad?
Escuché los motores empezar a cobrar fuerza y el avión temblar preparándose para despegar.
¡Dios mío, sáquenme de aquí!
Respiré hondo y apreté la mano de Anne, que estaba a mi lado, y ella me sonrió. Tom, a su lado, dormía profundamente y apenas había