James, me observa enfadado y yo soy la culpable de que esté así.
—¿Qué crees que estás haciendo? —gruñe—. Este es mi baño. No te he dado permiso para que entres aquí. ¡Vete ahora mismo!
Antes de que pueda decir una palabra, sus manos se cierran sobre mis brazos con fuerza. Me levanta sin esfuerzo y me lleva fuera de su habitación, dejándome en el pasillo.
—Yo… solo quería… —mi voz se apaga por la vergüenza.
—Que sea la última vez que entras en mi habitación.
—Dame mi ropa.
—¿Me has escuchado?