Mía
Me siento en el borde de la cama, con los brazos cruzados sobre el pecho. No voy a permitir que venga ahora a regañarme, con el espectáculo de su novia ya tengo suficiente. Por su culpa, tengo mal cuerpo, solo quiero huir e irme a mi casa.
—¿Se puede saber por qué no me hiciste caso? Te dije que no salieras de la habitación —me reclama, mientras pasa una mano por su cabello castaño.
—Tenía que ir al baño, además, la culpa es tuya. Si pensabas romper con ella, ¿porqué no la llevaste a otro