Una fracción de segundo fue el tiempo en que Arlet pudo detallar los cambios en la expresión de su acompañante. Primero sus ojos se abrieron en una muestra de asombro, pero luego el azul de su mirada se oscureció al punto en que parecía casi rojo.
Todo fue instantáneo, justo como una explosión. No hubo calor, ni tampoco fuego, pero algo la abrasó.
—Repítelo—le dijo con sus dientes apretados y con esa expresión similar a la de un demonio.
—Siempre pensaba en él—balbuceó con dificultad, miránd