Capítulo 7

***

—Ya has tomado mucho Jayden, solo imagínate que nos alcanza el amanecer, puesto que se aproximan las cinco de la mañana.

—Espera… espera… espera… escucha —alzo mi dedo índice y en un dos por tres me suelto a cantar… Ayayayy… una música grupera ¡A través del vaso!—Quisiera morirme en una buena peda

Porque esto de amarte, me trajo problemas

A través del vaso ya miro tu cara

Las ganas de verte, no se van con nada.

Tengo mucha prisa por ir a buscarte

Luego me arrepiento, me gana el coraje

Fue la decepción más grande que he tenido

Lo que tú me hiciste es lo peor que he vivido.

Dime cantinero, tú sabes de penas

¿A los cuántos tragos me olvido de ella?

Ella me cambió por unas monedas

Hoy quiere volver, mejor que no vuelva

Porque ya no quiero, saber de su vida

Recordar sus besos solo me lastima

A través del vaso yo la sigo viendo

Porque como un loco, la sigo queriendo

La sigo queriendo.

Dime cantinero, tú sabes de penas

¿A los cuántos tragos me olvido de ella?

Ella me cambió por unas monedas

Hoy quiere volver, mejor que no vuelva

Porque ya no quiero, saber de su vida

Recordar sus besos solo me lastima

A través del vaso yo la sigo viendo

Porque como un loco, la sigo queriendo

La sigo queriendo.

(…)

—Levántate… ¡Oye! Jayden —remuevo mi cuerpo de un lado a otro, con ambas manos presionó mi cabeza, ya que me duele como la puta madre…

—Qué —grito—. Hay…—me quejo.

Puta, que dolor de cabeza, me estruja hasta exprimir la m****a. Aaaahhh…

—Yo no te he mandado a que tomes —por los chillidos creo que es mi madre—, ¿Qué pasó hijo, tú no eres así? —suaviza la voz.

—¿Qué haces aquí madre? —intento abrir los ojos, pero la iluminación de la habitación provoca que mis ojos se sientan como chile picante—¿Por qué abriste las cortinas? —espeto.

—¡¡¡Porque son las once de la mañana!!! —grita hasta ofender mi audición—. Lo primero que hago es llamar como esta mi hijo, ya que no contestas mis llamadas y lo primero de lo primero es que me dicen que está dormido, ¡DORMIDO! Eso es lo más raro para un Jayden Ston—brama—, agregándole que en la sala te espera una chica en compañía de William—lo único que mi mente y mi cuerpo pusieron atención de todo la palabrería que mi madre me dijo fue “una chica”.

—¿Qué? —abro mis ojos sin importarme lo que me puede afectar y en un santiamén mando a la m****a el dolor de cabeza para luego levantarme e irme directo al baño.

—¿Quién es ella Jayden? —insiste.

—Una persona que no te importa —espetó—, no te metas en mi vida y si ya me viste y comprobaste lo que querías comprobar, eso quiere decir que te puedes ir de mi casa—vociferó.

Cierro la puerta de la puerta del baño de un solo golpe, ¡No quiero que mi familia se meta en mi vida! Un día lo hicieron y eso fue el fin de mi vida amorosa.

Zoe.

Luego de tener una seria conversación con mi hermana me dispuse a estrenar a mí “Diabla”, sí, así se llamara la moto que el señor sexi me dio. Me pongo mi casco, y me aseguro de llevar mi móvil y mi cartera, lo más importante para luego montarme en esta potranca, ¡Sí! La diabla es más ni menos que una yegua. 

En menos de dos segundo enciendo a mi diabla, para luego ponerla en marcha, ¡Wao! Es increíble, ¿Qué hice para merecer un gran tiempo con esta, anímala bruta y caritzima? El viento golpea mis mejillas hasta hacerlas mover de un lado a otro. Acelero y entre más acelero la adrenalina bombea hasta explotar en frenesí, sintiendo esa excitación única.

Aaahh… ¡Ya puedo morir en paz!

***

Quince minutos después llegué al restaurante y antes de alejarme de mi diabla caritzima me encargo de dejarla en un buen lugar del parqueo para que ningún otro idiota la maté de un solo golpe. En el momento que me adentro al restaurante mi jefa me dice que tengo que llevar un servicio de comida especial. Para mí fue un grito pegado al cielo, puesto que me han dado trabajo y no me correrá como lo pensé.

Tomo el pedido y veo que es en 3894 W 3rd Ave, si no me equivoco en menos de quince minutos estaré entregando este pedido. Me encamino hacia mi diabla y se ha dicho «Patita pa que te quiero».

***

Veo la ubicación en el GPS de mi móvil y puedo ver que he llegado a mi destino, dejó estacionada mi caritzima diabla y me encamino con el paquete hacia la mansión del riquillo que haya pedido una comida especial. Esta vez mi jefa me pido que utilice mochila impermeable para que el servicio de comida no se dañe... ¡Ni modo! Tendré que andar por un tiempo curcucha hasta acostumbrarme, es probable que me enderece o me quede curcucha.

Un… dos… tres... y toco el timbre de la casa.

—Por fin —dice en el instante que abren la puerta.

—Tú… —frunzo el ceño.

En el instante que entro a la cómoda, extravagante y lujosa casa, que obviamente es mejor que la mía, me encuentro con la sorpresa que es la casa del sexi, ¿será que no me dejara de acosar? Sé que tengo antojos de esos ojitos azules y no se olviden de ese cuerpazo y de lo otro que quiero averiguar porque mi hermana está cien por ciento segura de que el sexi tiene un tremendo armamento.

El amigo del sexi se llama William y es muy amable pero alcahuete con el sexi, puesto que me acabo de enterar de que él fue quien llamó al restaurante. Cinco minutos de haberme rehusado a entrar el santo de William me convence llevándome a la sala de estar, ya que él quiere que vea al sexi y lo que no comprendo. ¿Qué tengo que ver yo…?

Hace unos cinco minutos entra una señora con la cara llena de preocupación y lo primero que dice, ¿dónde está mi hijo? Educadamente William le contesta y ella por unos segundos me observa de pies a  cabeza para luego desaparecer.

Arrugó el ceño al percatarme que la señora es toda una dama elegante, de esas que no quieren tocar el piso por el miedo de dañar su calzado, deseando que haya una alfombra sobre el camino que ella pisa, y si es roja la alfombra aún mejor. Si no me equivoco debe ser su mamá o algún familiar demasiado apegado a él.

—No veo por ningún lado la idea de quedarme —me levanto del inmenso sillón moderno en forma de una “U”.

—No, espera… —William toma de mi brazo y detiene mi andar—. Creo que él te necesita—súplica.

—¡Me necesita!—Enfatice increíblemente.

—No me mires así —me suelta inmediatamente la mano—, es que él… puede… mmm… que… tenga… confianza… en… ti… —tartamudeaba y me hablaba pausado y pausado.

—¡Confianza! —Trago grueso hasta sentir que me ahogaba—Él y yo no somos nada de nada.

—No quise decir eso —niega con la cabeza—, solo que él—se calla.

—¿Él que?

—No te lo puedo decir —resopla.

—Ok —transpiro suave para luego…—, crees que a mí me importa, tu amigo no es una santa paloma—habló entre dientes—. Primero lo encuentro follando con no sé quién mujer, luego me destruye mi moto, después lo veo en la facultad, luego me da una moto caritzima y ahora que me solicitan en su casa—me cruzo de brazos—¿Qué quieren de mí? —espeto.

—Oh… —agranda sus ojos—. Al escucharlo de ti se ve demasiado mal, pero te juro que no hay segundas intenciones.

¡Ja...! Este chico sí me sorprende, ¡No hay segundas intenciones Y que significa ¡quiero follarte!

—¿Seguro que es tu amigo?

—Perdón —esboza una sonrisa avergonzada.

—No hay más que discutir —replico.

—Creo que lo mejor será que te alejes de él —da un paso hacia mí.

—¿Qué? —Mis ojos salen de órbita al escuchar lo que acaba de decir—No comprendo, primero me dices que él me necesita y ahora que me aleje—me altero—. ¿Tú me llamaste o él? Por una vez en su vida sean huevones y dejen de jugar al gato y al ratón—exploté—Takiye lyudi, kak ty, svodyat menya s uma (la gente como tú me vuelven loca)

—Sé perfectamente cada palabra que dijiste por qué hablo más de diez idiomas —emboza una sonrisa—. Ahora que nos entendemos debería decirte que te comprendo y que tienes todo el derecho de volverte loca.

Este hombre me mato...

Jamás en mi vida me había cruzado con una persona que entienda todas las estupideces que digo y más si es para insultarlos. Poco a poco me voy poniendo roja de la vergüenza.

—Aja —apartó la mirada.

—No tienes por qué avergonzarte, ya que estoy notando que soy la primera persona que  sabe que hablas cien por ciento Ruso y eso agregándole que tu tez te identifica a tu nacionalidad —susurra cerca de mi oído.

—¿Qué pasa aquí? —una voz imponente retumba por la cuatro paredes, déjame estática al ver que William está cerca de mí.

—Jebatˈ eto (joder) —susurro por lo bajo.

—Nada —exclama William—, solo le estaba ayudando a la señorita sacarle una basurita que se le fue en el ojo.

Sin poder moverme su mentira me pareció graciosa, ya que ni un pequeño de dos años se lo cree.

—Zoe —masculla con tono grueso, pero a la vez suena secamente.

—Si… —toda desorientada me doy media vuelta alejándome de William porque él ni se molestó en separarse de mí.

—Que te trae por aquí —dice dando tres pasos hacia mí.

Está guapo el condenado, mmm… con esa camiseta pegada a su cuerpo dejando ver ese cuerpo tonificado Aaaahhh… jadeo sin poder controlar mis malditas hormonas. No lleva puesto su traje fino, sino unos vaqueros color negro, sin dejar atrás su cabellera mojada y sus ojos azules más intensos.

—Mmm… He venido a traer un pedido que usted hizo —pongo mi frente en alto.

—Yooo… —enfatiza—. Creo que su jefa se ha equivocado—dice sin ni una expresión en su rostro.

—Bueno —relajo la mirada y aspiro—, ese no es mi asunto —me cruzo de brazos—. Yo he venido a tiempo y a dejar el servicio de comida esperando que uno de ustedes dos paguen.

—Hijo, ¿qué es lo que desea la señorita? —la señora elegante hace acto de presencia.

—Nada que te importe madre —espeta—. Acompáñame Zoe.

Me quede completamente helada al ver como el sexi le habla tan brusco a su madre.

—Jayden, estoy siendo amable —protesta.

—Gracias por la vista que nunca quise que se hiciera —dice sin verle a los ojos—. Zoe quiero que me acompañes.

De reojo puedo ver el rostro triste de esa señora que ahora me da lástima de que su hijo no le dé el mínimo respeto o solamente que ella lo haya criado sin valores y menos sin respeto. Con un “con permiso”, me pierdo de la mirada penetrante de la señora fufurufa… «Fufurufa porque es una señora que dice no me toques y menos me mires», con mucha razón veo dónde salió el hijo. Esa frase la saqué de un cliente mexicano que un día me describió como una fufurufa sin poder conocerme, aunque pensándolo bien yo estoy haciendo lo mismo.

***

—¿Qué pasa? —pregunto.

Camino a zancadas, ya que cuesta seguir el ritmo de su andar.

—Solo acompáñame —abre la puerta que da a la salida de su casa y sin renegar lo sigo.

«¿Qué haces Zoe?». ¡Cállate Diosa de mis males!

Me detengo en seco al ver que él se dirige a su garaje, ¿Qué va a hacer?

—Lo siento, pero no tengo tu tiempo —doy media vuelta para dirigirme hacia la calle donde había dejado a mi diabla.

—Por favor —su voz se quiebra—, solo será un momento.

«No lo hagas Zoe», aaahh… Diosa de mis males quiero ser mala, pero lastimosamente no puedo y menos a este hombre que me ha dado por prestado su moto, «pero mato tu moto».

No me reprendas aunque tengas la razón, pero qué quieres que haga…

—Que no sea por mucho tiempo —bufo y me encamino hasta donde está él.

Me detengo en la entrada del garaje para esperar que él salga con no sé que auto, ya que un día lo veo con uno y el otro con otro.

Un minuto después sale en un Chevrolet Camaro color rojo fuego ardiente.

Da tres toques en el claxon, sacándome de mi mirada perdida para luego encaminarme a su auto.

—Sube, por favor.

¿Será que no trabajaré el día de hoy o será que me correrán por muy confianzuda?

—Es confiable esta residencia —pregunto adentrándome al auto.

Mmm… huele rico, reprimo este sentimiento especial.

—No te preocupes por la moto, ya que William se encargara —dice poniendo en marcha el auto.

—Ahora que no sé donde voy, me puedes decir que es lo que te sucede.

—Zoe, mi vida es una m****a y mi vida amorosa también, creo que todos tenemos un pasado y más que todo queremos que ese pasado quede donde esta, pero lastimosamente se hace presente día a día —empuña sus manos en el volante dejándose ver la tensión que tiene.

—Es tu familia o que es lo que más te molesta o te tortura —insisto. Quiero que hable de ese pasado que lo atormenta, lo más raro que un hombre como él tenga problemas y más si son amorosos.

—Olvidémoslo —dice si quitar la mirada del frente.

—Por eso no te enamoras o por eso te gusta andar con cuanta mujer se te ponga en frente —hablo sin medir mis palabras.

—Para mí no existe el amor —esboza una sonrisa falsa—. Quiero que sepas que para mí y para cualquier mujer es "prohibido enamorarse".

¡Prohibido enamorarse! Esas palabras resuena por toda mi cabeza y lo único que puedo entender es que lastimaron ese corazón y ahora se rehúsa a darle una oportunidad. No hablo de mi persona, ya que no busco amor, sino a alguien para pasar el rato.

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