Algunas semanas después, Amy preparaba la cena en casa como de costumbre, Dimitri había salido para hacer sus recorridos habituales de reconocimiento del bosque. Comenzaba a acostumbrarse a quedarse sola cuando él salía.
De la nada el timbre de la casa suena llamando la atención de la joven, frunce el ceño ya que sabe que Dimitri no es. Así que se acerca a la entrada para mirar por la mirilla de la puerta, sus ojos se agrandan al ver la figura de su tía parada.
—¿Tía? —se dispone a abrir la pue