Alondra se sentía harta de su matrimonio, de su esposo, de su vida. Ella sola estaba muy cansada de vivir la misma rutina donde su esposo solo le demostraba su desinterés constantemente. Tampoco iba a culparlo de todo porque ella tenía la solución al alcance de su mano y era darle el divorcio. Solamente ella los mantenía presos en ese absurdo.
Ella los últimos días lo había visto más irritado que lo normal. Iker había rechazado hasta las comidas que ella con tanto esmero le preparaba.
-Hice l