De regreso al trabajo, Livia volcó toda su energía en su pequeño negocio. Ya no se trataba solo del dinero—aunque las ganancias que obtenía por sí misma aún no podían compararse con los fondos que Damian depositaba en su cuenta—, sino de recuperar una parte de sí misma.
Día tras día, con el paso del tiempo, Livia se descubría aceptando poco a poco su destino como esposa de Damian.
No sabía cuándo había comenzado. Pero últimamente, la sola idea de que Damian la dejara le provocaba un dolor sordo