Una sonrisa seguía dibujándose en el rostro de Livia. Todas las cosas buenas danzaban en su cabeza como pétalos en primavera.
Damian tiró suavemente de un mechón de su cabello.
Su cuerpo siguió el tirón, acercándola más a él.
‘¿Y ahora qué?’
—¿Viste eso? —preguntó él, pellizcándole suavemente la barbilla para acercarla aún más.
—Sí, lo vi —respondió ella.
‘¿Así que solo estaba actuando en la tele? Tch, y yo tan feliz con eso…’, pensó Livia, resignada.
—¿Cómo me vi? ¿Guapo? —su rostro se acercó