Paolo la rodeó una vez más por su delgada cintura con un gesto pícaro.
—¡Qué descarado!
Cristina le lanzó una mirada de reproche. Su cuerpo se tensó mientras dejaba con cuidado el plato con el sándwich sobre la mesa. Tomó una respiración profunda.
—No había nada en el refrigerador, así que preparé un sándwich rápido. No había verduras, lo sustituí con manzana. Tienes que conformarte con eso. ¿Qué quieres de beber? Te lo preparo rápido y luego tengo que irme...
Cuando Paolo escuchó que se iría, se sintió ansioso. Arrugó la frente y lanzó unas palabras entre dientes:
—¡No te vas a ir!
—¡No me digas que vas a romper tu promesa! Dijiste que, en cuanto te preparara el desayuno, liberarías al conductor.
—Sí, eso dije. Pero, ¿qué clase de desayuno es este? No se lo darías ni a los puercos
Estaba buscando excusas a propósito; la verdad es que él se comería lo que fuera mientras lo hubiera preparado ella, pero simplemente no quería que se fuera.
Cristina puso los ojos en blanco, apretando los