Muerdo mi labio y llevo mi mano libre a mi sexo, dándome más placer. Mi mirada busca la suya. Él contempla mi cuerpo como si de una diosa inigualable se tratara, me venera, me exhibe ante todos y eso me encanta, porque no es un hombre de esos que se dejan llevar por los celos, aunque muchas veces no los controle por completo.
Él en vez de ser de esos que me prohíbe vestirme de tal manera, me incita a vestirme como quiera. En vez de ocultarme ante los ojos de otros hombres, me muestra, me presen