La Señorita Herrera siempre dio la impresión de ser una mujer distinguida, con buena presencia, atractivo y un trasfondo familiar respetable. ¿Quién hubiera imaginado que le arrebataría el prometido a su propia amiga?
—Como su propio matrimonio fue un desastre, no soporta ver felices a los demás. ¿Gente así cómo puede merecer seguir viviendo? —Comentó sin rodeos una colega de temperamento fuerte.
—Exacto. Y encima era su amiga íntima, ¿no le da vergüenza hacer algo así?
Otra añadió con sarcasmo: