Tiró de su mano mientras Juan escuchaba a sus neuronas gritar en pánico por estar dándole la mano. Se dejó guiar por la ilusionada rubia que si bien parecía haber venido más de veinte veces al estadio, no podía ocultar su emoción al estar de nuevo ahí.
Algunas personas la reconocían, girándose para ver mejor a la CEO unos segundos antes de volver a su propia ilusión por su equipo. Juan agradecía que esta vez el principal espectáculo que requería su atención fuese ver el partido y no asombra