Capítulo 1

- pesadilla- sacudo la cabeza.

Hago una mueca de dolor al levantarme y él me observa aún confundido.

Estuve trotando ayer, casi no siento las piernas.

- llamé al restaurante, es extraño que la comida aún no halla llegado- dice dejándose caer en el sofá.

Me siento a su lado y empiezo a contarle todo lo ocurrido en la universidad esta mañana, fue un día realmente agotador.

Kaprow.

Luego de ser desterrado del cielo, pasando a ser ángel caído, y convertido en un niño de apenas 5 años, de etnia italiana.

Recuerdo que me encontraba vagando en las calles de Polonia cuando un vehículo enorme y negro aparcó a mi lado y de él salió una señora de unos 30 y tantos, habló unos minutos conmigo, preguntando por mis padres o algún familiar, pero se imaginarán que yo solo negaba, trataba de no mentir y por ende no podía decir nada.

Aquella señora posteriormente se convirtió en mi madre adoptiva, Emely Evans y en conjunto con su esposo, quien ahora es mi padre, el señor Carlos Kaprow de unos 40 y tantos.

Es una familia de raíces italianas, pero actualmente su residencia se encuentra en Arabia.

Lo único lamentable son sus negocios deshonestos, pero aparte de esto, son las personas más dulces que conozco.

Todo el tiempo he tratado de mantenerme apartado del negocio familiar, pero luego de sentir afecto por ellos, me fue imposible no ayudar.

Me he convertido en el hijo que jamás pudo tener el señor, y la señora fue para mí como la madre que jamás tuve.

Sí, tuve, falleció cuando mi cuerpo carnal alcanzó la madurez de 15 años.

El mundo es tan nefasto y a la vez curioso, me he adaptado en el mundo de tal forma que he empezado a desarrollar sentimientos humanos, como ira, odio, repulsión y hasta cierto punto cariño.

Merlina.

Escucho un pitido insoportable, abro los ojos y es cuando noto que me quedé dormida en el sofá.

Aquél pitido se trata de la voz de pito de mi mejor amigo, sonrío por su tonta danza erótica y me levanto del sofá, me quedé dormida con todo y la ropa con la que salimos anoche.

Llevo un vestido corto, amarillo claro, con lentejuelas a juego, sí... parezco la típica rubia follable que ves en el antro.

Mientras camino veo una de mis zapatillas en el suelo y al entrar a la cocina, donde baila mí estúpido amigo, encuentro la otra.

No me malentiendan, se trató de una cita, obvio no mía, de mi amigo danzarín con su casi novia y yo, prácticamente soy su casamentera...

¿Lo ven? No soy ninguna rubia follable.

- al fin te despiertas Mel- dice abrazándome.

- cualquiera con la obra que estás armando- digo y río.

- lo siento- dice ofendido, yo vuelvo a reír- es que Shelsey viene a comer y sabes que no me concentro sin música- dice haciendo un puchero.

- al fin decides ir al supermercado- digo volteando los ojos.

- alguien tiene un humor de perros hoy ¿no es así?- pregunta sonriendo de lado.

- es normal luego de tomar tanto- alzo las cejas- tú eres extraterrestre- Jon niega y me sonríe.

- ¿quieres comer con nosotros?- hago una mueca y niego.

Veamos... eso implicaría verlos comiéndose entre sí y ser hipócrita con la víctima de Jon.

- nah... mejor paso- Jon hace un puchero- me iré a dormir a mí habitación, así que baja un poco la música y tu timbre de voz- digo sonriendo y emprendo mi camino hacia la habitación.

- que solecito- dice riendo.

Yo solo lo ignoro y cierro la puerta tras de mí.

Me acuesto en la cama con un salto y la abrazo, debo decir que es muy suave.

Me coloco boca arriba y sonrío, hoy es un día bueno, está nublado y hace un poco de frío, pero dudo que llueva, amo los días como hoy.

¡Espero les guste la historia! ¡Un besote!

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