37. Hoy no va a ser necesario el antifaz.
— ¡Patrón!— Julio cerró rápidamente la puerta de su dormitorio al ver entrar a Ricardo por el pasillo que comunicaba el aparcamiento privado, al que solo ellos tenían acceso, con su salón.
—¿Se siente mal Julio?— preguntó Ricardo mirando la hora en su reloj, apenas eran las nueve y aunque era cierto que no se había comunicado con su hombre de confianza para decirle que iría, se le hacía muy extraño encontrarlo tan solo en bóxer a esa hora cuando era de esas personas que siempre estaba perfecto