Mundo ficciónIniciar sesiónBajhor viene con otra vestimenta, una más fresca que la de oficina, me gusta sus jeans rotos y su suéter negro, los anillos en sus dedos y ese aroma que me atonta en cuanto lo inhalo, el pelinegro sonríe y ese era el último detalle que necesitaba para que todo colapsara en mí.
–Amor.
– ¿Qué estoy pagando, Jesucristo? –murmullo, él se planta delante de mí y deja un casto beso en mis labios.
– ¿Qué es? –sacudo un poco mi cabeza y sonrió.
– ¿Esto? –me refiero a







