— ¿Ya tienes todo listo? —me pregunta en cuanto nos sentamos en el comedor.
—Sí, pero… ¿Estás seguro de que quieres que me vaya contigo? —indago para comprobar que realmente es su deseo y no una decisión basada en el impulso.
— ¡Claro que sí! —exclama con una sonrisa llevándose un bocado de lasaña a la boca—. ¿Por qué no lo estaría?
—Es que no quiero que pienses que estoy usando mi situación como algún tipo de excusa para irme contigo.
— ¿Cómo voy a suponer en eso tonta? Te vienes conmigo porqu