—Maestro, disculpe que me inmiscuya, pero, ¿Por qué no solo nos deshacemos de él? ¿Por qué insiste tanto en conservarlo?
— ¿Acaso estás dudando de mis procedimientos?
—Claro que no maestro, no sería capaz de dudar de ninguna de sus decisiones.
Una sonrisa burlona aparece en mi rostro, al escuchar el obvio miedo en su voz. Me llena de tanto placer el ver como sus miradas cambian por completo cuando sienten que me están ofendiendo de alguna manera, es increíble el poder que sientes cuando ves el