El oxígeno fue mermando y las súplicas cayeron en un pozo sin fondo al igual que su último aliento, en efecto lo había matado.
Con un rostro inexpresivo la bruja observo el cadáver que yacía sus pies justo antes de caer sumida en la oscuridad debido al cansancio.
Tan espantosa escena costaba entre sus últimos recuerdos, los cuales se repetían en su mente una y otra vez mientras trataba de volver a la realidad.
Matar al ministro no constaba entre sus objetivos, al contrario lo necesitaba vivo