—Gracias hijo, ¿qué te sucedió en el labio y en tu ojo? ¿te golpearon? —Se acerca a su hijo muy preocupada—. ¿Cómo no me di cuenta hace un momento? —Toma el rostro de Ascher entre sus manos.
—Tranquila mamá. —Aparta la mirada—. Solo practicaba defensa personal —dijo nervioso.
—Pero es tu entrenador personal, le pagamos para que te enseñe, ¡no para que te mate! —Se altera—. Hay que despedirlo. —Está muy enojada.
—Elizabeth relájate, no exageres, el chico debe aprender a ser golpeado, seguro le e