Me incliné cerca, mi agarre en su muñeca todavía firme.
—Juro por todo —murmuré, con voz baja, peligrosa, goteando de hambre—, que si me das esto abrumador que estoy viendo ahora mismo… nunca volveré a pensar en acercarme a tu hija.
Ella se estremeció, dividida entre la rabia y algo más, algo que su cuerpo no podía ocultar del todo.
Su pecho se agitaba, haciendo que sus pechos rebotaran, los pezones tensos contra la fina tela como si estuvieran rogando que los mordiera.
Mi sonrisa se convirti